El futuro (que ya es presente) de la educación 2: la avalancha que se nos viene encima

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Ayer, en mi entrada inicial de este mi primer blog propio llegaba a la conclusión de que el futuro (que ya es presente) de la educación pasa por conseguir que cada vez más profesores se convenzan de que en el mundo actual, tras la última gran revolución tecnológica tienen que ceder el papel de protagonistas de lo que sucede en el aula a sus estudiantes, sustituyendo las clases magistrales por clases basadas fundamentalmente en el diálogo y en la participación activa de los estudiantes a través de proyectos, trabajo colaborativo en equipos o en parejas, resolución de problemas y ejercicios, planteamiento de estudios de casos, debates, actividades de laboratorio, y un largo etcétera, con el fin de lograr de una manera más eficiente el objetivo primordial de la educación que es formar ciudadanos libres dotados de pensamiento crítico e independiente, capaces de construir su propio conocimiento y competencias en colaboración con los demás, capaces de responder de forma adecuada a los grandes desafíos que tiene planteada la humanidad y sobre todo capaces de ponerse en el lugar del otro.

Sin embargo, aunque el profesor debería aspirar a ser menos protagonista en el aula y en última instancia a lograr hacerse innecesario para su pupilo por haber conseguido que este adquiera la competencia de aprender a aprender y a ser autónomo y responsable de su propio aprendizaje, el papel del profesor sigue siendo central, pues es el guía y encargado de poner las bases y organizar la docencia para que los estudiantes puedan alcanzar estas metas tan ambiciosas.

Ayer hice referencia al informe preliminar que tres grupos de trabajo del MIT han publicado recientemente sobre el futuro de la educación. MIT. El informe se puede leer aquí.

Lo de la educación MIT puede parecer un tanto presuntuoso, pero no lo es tanto, viniendo de una de las instituciones de educación superior de más prestigio del mundo, que está situada al igual que Harvard, con la que está hermanada, en Cambridge, Massachusetts, y que a pesar de ser una universidad eminentemente tecnológica y científica, tiene en su elenco de profesores de humanidades a pensadores de la talla de Noam Chomsky, sin duda el lingüista más influyente del siglo XX.

Además, El MIT atrae a los mejores profesores, investigadores y estudiantes de todo el mundo. Como botón de muestra, solo logran entrar en sus Grados el 8% de los estudiantes que lo solicitan cada año.

El informe muestra una preocupación por hacer posible extender esa educación MIT a personas de todo el mundo que hasta ahora no han tenido acceso a ella y por mejorar la educación de los estudiantes MIT adaptando ese modelo educativo a la realidad de las nuevas tecnologías, de las que el MIT es líder e institución que ha contribuido a que emerjan muchas de ellas.

De este informe me han llamado la atención varias cosas que me gustaría compartir aquí:

La primera como ya escribí ayer es el énfasis en la necesidad de invertir en mejorar las competencias comunicativas del alumnado y también del profesorado, algo de lo que debemos aprender e intentar conseguir también en todos los niveles de nuestro sistema educativo.

La segunda, la necesidad de cambiar la configuración de los espacios educativos con la creación de lo que denominan “academic villages” o “aldeas académicas”, que combinen los espacios de aprendizaje más formal como pueden ser las aulas y laboratorios con espacios más informales en los que alumnado y profesorado puedan ver enriquecida su interacción y aprendizaje casual e incidental. Creo que deberíamos copiar esta idea y en el ámbito de los centros de primaria y secundaria incluir a las familias en esas “aldeas académicas” o comunidades de aprendizaje para dar una mayor entrada y participación a las familias en los centros.

La tercera tiene que ver con la modularización de la actividad académica para dar mayor flexibilidad y especificidad para conseguir una educación adaptada a las necesidades de cada estudiante. Se señala como imprescindible incluir los diferentes modelos de “blended learning” que aúnan aprendizaje online y presencial. Incluso se habla de una “flipped university” o universidad al revés.

La cuarta que señalé también en mi entrada de ayer es pasar de un aprendizaje en el aula basado en la clase magistral a una clase con mayor interacción y participación por parte del alumnado. Y esto paradójicamente aparece en el informe de una institución que tiene a gala desde su fundación estar basada en el aprendizaje a través de la acción y como lema “mens et manus”.

Los valores de una educación MIT vienen recogidos en este párrafo que vale la pena leer en inglés. Recoge gran parte de las grandes ideas y principios por los que se debería apostar en educación:

     Four principles guide what we do at MIT: (i) the educational value of useful knowledge,    (ii) societal responsibility, (iii) learning-by-doing, and (iv) combining liberal and professional education. These principles are reflected in the institutional features of residential education at MIT, which span the “triad” of research, academics, and community. They are exemplified by (i) the power of learning-by-doing, (ii) innovation in learning, and (iii) learning by teaching. Factors that lead to MIT’s excellence include first-rate minds, passion, creativity, diversity, transparency, meritocracy, egalitarianism, and compassion.

Me parece importante resaltar la importancia que se le da a la educación humanística, incluso en una universidad fundamentalmente científica y tecnológica y el valor que se le da a la innovación docente, al aprendizaje basado en la acción, y a aprender enseñando. Son ideas que deberían inspirarnos a la hora de orientar nuestra actividad docente y el futuro de la educación en nuestro contexto.

 

Los retos son muchos, pero lo que nos jugamos, el futuro de nuestros hijos, hace que valga la pena afrontar este desafío.

 

Otro informe sobre el futuro de la educación universitaria, publicado en marzo de 2013 por una fundación británica, el IPPR (Institute for Public Policy Research) tiene como alarmante título AN AVALANCHE IS COMING Higher education and the revolution ahead (Se nos viene encima una avalancha: La educación superior y la revolución que tiene enfrente). No he tenido ocasión de leerlo pero viene a alertar sobre la necesidad de cambio en las universidades si no quieren verse arrastradas por la revolución que las nuevas tecnologías están produciendo en el ámbito de la educación. Cuando lo lea, resumiré lo que me parezca más interesante. Se encuentra publicado aquí.

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